Representando del PPA de Covestro

Juan Patau

Hay una oración por la cual se pide acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar.

El acierto no tiene dudas porque se me da la oportunidad de habla sobre la visita que hemos realizado lo PPA de la AEQT a la empresa COVESTRO, antigua BAYER, que ha supuesto mi vida profesional por excelencia. La dirección y perfección queda para demostrar.

Como antiguo y ya jubilado trabajador de la industria química a Tarragona, constantemente he tenido conocidos e incluso grandes amigos en mi círculo de relaciones que me manifestaban su posición contraria a la industria química, bien por su peligrosidad, bien por su posible potencial contaminante u otras sensibilidades. Uno podría partirse el pecho con argumentos científicos, humanos, económicos o de todo tipo que siempre afloraba esta desconfianza tan humana al que realmente se desconoce y que parece que amenaza sin aportar nada a cambio a mis seres más estimados. Pero no hay nada más convincente que el poder visitar “in situ” las fábricas y poder ver y vivir directamente el trabajo que se realiza en las químicas y el afecto que el personal tiene por su trabajo.

Durante la visita todos pudieron comprobar, y así lo manifestaron, la orden y limpieza de la fábrica de COVESTRO. No ha estado para mí una sorpresa esta positiva impresión. No tenía ninguna duda que así iba a ser porque conozco la cultura y los hábitos de los trabajadores de COVESTRO. No me iban a decepcionar.

Si bien por motivos de seguridad no se pudo acceder directamente a la planta de producción del Cloro; se pudo comprobar el estado técnico y de mantenimiento de la instalación mediante la excelente presentación con videos ilustrativos de Giorgio Dolfini, jefe de producción de la planta.

Los múltiples ejemplos de aplicaciones técnicas y prácticas de uso en la vida cotidiana que se encuentran expuestas en el hall de entrada dan respuesta al dicho “todo trabajador de COVESTRO se encuentra siempre a menos de un metro y medio de un objeto fabricado con productos de COVESTRO” y por tanto resulta el mismo para cualquier ciudadano.

Para acabar, querría manifestar mi íntimo conocimiento que los primeros interesados que todo funcione como un reloj, en Alemania se diría como un Mercedes, son los propios trabajadores de las fábricas químicas.